Hipertensión arterial: Un asesino sigiloso
Parte I: Conociendo al asesino
¿Es de verdad la hipertensión arterial un asesino silencioso? Puede que este título os suene un poco dramático, pero creo que a medida que os adentréis en la lectura de este y los siguientes artículos os daréis cuenta que no estoy nada alejado de la realidad. No quiero crear pánico ni mucho menos, pero sí quiero que os vayáis de acá con una idea muy clara sobre los potenciales peligros para nuestra salud el padecer hipertensión arterial y no seguir un riguroso tratamiento y seguimiento médico.
Antes de descubrir cómo mata nuestro asesino, vamos a investigar quién es realmente, qué se esconde dentro de su ser. Tenemos que conocer sus puntos fuertes y débiles, porque solo así encontraremos la forma lanzar un ataque y entender también, cómo defendernos de los suyos.
Primero que nada, un poco de terminología básica
Comencemos con qué es la hipertensión arterial. El prefijo hiper proviene del griego hyper que en medicina lo utilizamos para expresar elevado o aumentado, por lo tanto hipertensión arterial no es más que el nombre que le damos los médicos a los valores o cifras de tensión arterial que se encuentran por encima de su rango normal.
Luego estudiaremos cuáles serían esos valores normales, primero podrías decirme…
¿Por qué necesitamos en nuestro sistema circulatorio “tensión arterial”?
Pensemos en nuestro sistema circulatorio como el sistema de tuberías de un edificio. Siempre uso el símil de la fontanería para explicar esto porque es perfecto. Este edificio, nuestro edificio, tiene varias plantas de altura y cada una tiene varios apartamentos en los cuales viven personas que necesitan agua. Si queremos hacer llegar el agua desde la planta baja hasta la última planta necesitamos vencer una fuerza que ha estado presente desde el origen del universo y que Isaac Newton describió en 1.666.
Sí, ya imagino que sabes cuál es… la gravedad. Pues, para que el agua suba hasta la última planta necesitamos vencer la gravedad, y esta fuerza de gravedad está constantemente atrayendo todo hacia el suelo con una aceleración de 9,8 m/seg2. Si no sabes cuanta fuerza es eso, intenta saltar 5 metros a ver si la gravedad te deja. Cuesta bastante ¿no?
Acá es donde entra un invento de la ingenieria: la bomba hidráulica, la cual, usando fuerza mecánica logra vencer a la gravedad e impulsa el agua hasta el último apartamento en la última planta de nuestro edificio. A estas alturas ya te imaginarás cuál es el equivalente de esa bomba en nuestro cuerpo; efectivamente, el corazón.
Ahora probablemente estarás preguntándote qué tiene que ver todo esto con la tensión arterial. No te preocupes que ya estamos por llegar a eso.
Cuando la bomba hidráulica impulsa el agua hasta arriba del todo en nuestro edificio lo hace con fuerza y a esa fuerza la llamamos… presión. Por cierto, no hay nada peor que ducharse y que el agua salga con poca presión; luego explico esto porque sino me voy por las ramas.
El corazón debe vencer a la gravedad
Volviendo al tema, cuando el corazón bombea la sangre lo hace con suficiente presión como para lograr vencer la gravedad e impulsar la sangre desde nuestros pies hasta el corazón o desde el corazón hasta el cerebro en lo más alto de nuestra cabeza. Así que entonces, cuando la presión con la que estamos enviando la sangre a través de nuestras tuberías, que todos conocemos como venas y arterias, es más elevada de lo normal sufrimos de hipertensión arterial.
¿Es malo bombear sangre con una presión muy elevada?
Piensa en una casa, en el momento cuando el agua ha llegado con tanta presión que ha roto una tubería. Sustituye casa por cerebro, tubería por arteria y agua por sangre. Ahora entiendes unos de los mecanismos por los que puede producirse un ictus hemorrágico o hemorragia cerebral ¿Te sigue pareciendo el título del artículo un poco dramático ahora?
Vayamos un poco más allá…
De momento no te preocupes si tienes la tensión arterial elevada, no significa que sufrirás una hemorragia cerebral ahora mismo.
Nuestro cuerpo es muy sabio y nuestras arterias son elásticas, como un globo, tienen la capacidad de aumentar o disminuir su calibre (diámetro) para regular la presión a la cual se envía la sangre a través de ellas. Cuando una arteria aumenta su calibre lo llamamos vasodilatación y cuando ese calibre disminuye lo llamamos vasoconstricción. Estos dos mecanismos pueden disminuir o aumentar, respectivamente, la presión arterial.
¿Aún no entiendes cómo? Ahora te lo explico…
Mecanismos reguladores
Tenemos la bomba, el agua y la tubería. Nuestra bomba envía agua a una presión constante. Si queremos bajar la presión a la cual están sometidas las paredes de la tubería al pasar el agua, sin modificar la fuerza de la bomba, tendríamos dos formas de hacerlo:
La primera sería disminuir la cantidad de agua bombeada. Al pasar menos volumen de agua por la tubería, menor será su presión. Esto sería un problema en el cuerpo humano porque su equivalente es disminuir el volumen de sangre. Esto ocurre en las hemorragias. Al perder sangre nuestro sistema circulatorio comienza a perder presión causando un shock hipovolémico que es un nombre muy bonito para decir choque por bajo volumen de sangre y su manifestación clínica final es una presión arterial tan baja que produce la muerte.
¿Recuerdas que te dije que odio ducharme con baja presión de agua? Ya ves que a tu cerebro tampoco le gusta esto. Si baja la presión lo suficiente como para comprometer la llegada de sangre al cerebro (al no poder vencer la gravedad) este se apaga y un cerebro apagado no es nada bueno, a menos que seas el dueño de una funeraria.
CURIOSIDAD MÉDICA
En algunos casos, esta primera opción podría salvar la vida de alguien si no disponemos de ningún otro medio para bajar valores de tensión arterial tan elevados que estén poniendo en peligro la vida de un paciente. Se denomina sangría roja. Se extrae de forma controlada cierto volumen de sangre al paciente y así disminuir la tensión arterial. Hoy en día no es nada común, y nunca he necesitado realizar una sangría roja en mi práctica profesional. Esto se describe siempre como una medida heroica.
La segunda opción sería aumentar el diámetro de las tuberías. Si pasamos la misma cantidad de agua a la misma presión pero en una tubería más ancha la presión que el agua ejerce en las paredes de la tuberia disminuye. Lo contrario ocurre si disminuimos el diámetro de la tubería aumentando entonces la presión ¿Recuerdas? vasodilatación y vasoconstricción.
Estoy seguro que lo has experimentado de niño cuando ponías el dedo en la salida del chorro de una manguera disminuyendo su diámetro logrando así que el agua saliese con mucha más presión para mojar a tu hermano.
¿La ecuación para la hipertensión arterial?
Las tuberías no pueden aumentar su diámetro, pero ya te había dicho antes que las arterias y las venas sí podían hacerlo. Repito vasodilatación y vasoconstricción. Y esto funciona muy bien hasta que nos hacemos mayores. A medida que pasan los años nuestras arterias van perdiendo esa elasticidad, pero no solo su elasticidad sino que las paredes de las arterias poco a poco con los años van acumulando “grasa” formando las famosas placas de ateroma. Estas placas en vez de crecer hacia afuera lo hacen hacia adentro, hacia el interior de la luz de la arteria, disminuyendo su diámetro. Ves por donde voy ¿no? Teniendo el mismo volumen de sangre y un corazón bombeando a una presión constante, si disminuimos la elasticidad de nuestra “tubería” y su diámetro con las placas de ateroma tenemos la fórmula completa para que el resultado sea un aumento de la presión.
Ahora entiendes por qué cuando nos hacemos mayores comenzamos a sufrir de hipertensión arterial, o al menos estos, son algunos de los factores que influye en su aparición.
Creo que con esto ya sabes lo suficiente para pasar al siguiente capítulo en donde vamos a descubrir y entender cómo mata este asesino sigiloso.
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Hasta la próxima entrega.
Dr. Álvaro E. Sabo Alloca.


Perfecto artículo
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